Publicado en edición impresa el 23 de Noviembre, 2017 y para subscriptores en http://suscriptor.lne.es/opinion/2017/11/23/sacar-maximo-provecho-cambios-vienen/2197988.html
La semana pasada se celebró la reunión del Consejo del Futuro Global, en Dubai. Hace unos días escribía en este periódico sobre la importante agenda de este evento: reconocer lo mucho que está cambiando la tecnología y cuánto nos está afectando, entender cómo sacar el máximo beneficio minimizando los riesgos y el modo de hacerlo. Coches autónomos (Tesla), monedas sin Banco Central que se revalúan 1.200 veces (“bitcoin”), curar enfermedades genéticas mortales con una pastilla (pastillas CRISPR)… Parece el futuro de las películas, pero es el futuro de hoy. De hoy, en algunos lugares, en algunos casos, para poca gente con recursos. El tema es ver cómo ser parte de este futuro y no solo verlo volar desde la distancia.
Asturias parece que está lejos de todo esto, pero una de las constantes en este tipo de eventos es que esta sensación de verlo como algo ajeno y alejado se comparte en casi todos lados. En el primer evento de esta conferencia, en la provincia al Norte de Dubai (Emirato de Sharjah), se debatió sobre cómo digitalizar y modernizar una economía que no tiene los beneficios del petróleo de su vecino Abu Dhabi, o de la ingeniería financiera y comercial de Dubai. Se hablaba de la falta de talento en las nuevas tecnologías. De compaginarlo con un pueblo de tradiciones de pescadores o de montaña. Del talento que va buscando mejores oportunidades -o que cuesta atraer-, de la barrera del idioma, de la excesiva burocracia, de la falta de cultura de ideas, hasta del complejo de inferioridad. Igual esta narrativa suena familiar. Nos pasa aquí y pasa en muchos otros sitios, que anhelan ser el próximo San Francisco, o al menos, atraer la atención de empresas tecnológicas de moda para que pongan una oficina o fábrica. Hasta el punto en que los mismos ayuntamientos y regiones prometen prebendas y condiciones especiales, llegando a ofrecer rebautizar la ciudad si viene la inversión. Esta es la oferta de una ciudad de Georgia (EEUU) a Amazon, que busca lugar para abrir otro centro de operaciones en este país. Dudo que este sea el mejor camino de integrarse en la revolución tecnológica.
En la conferencia de Dubai participaron unas 500 personas, expertas en unos treinta temas clave del futuro: Futuro del Trabajo, del Gobierno, de los Robots, … El objetivo único es crear un conjunto de recomendaciones, públicas y disponibles en la web, sobre cómo sacar el máximo provecho de estos cambios que vienen. A este proceso lo llaman “Dar forma a la Cuarta Revolución Industrial”, y es pilar fundamental en el Foro Económico Mundial. Hay en esto un detalle importante que podría pasar desapercibido. Una buena parte de los asistentes vienen con gastos de vuelo y estancia cubiertos. Una cuantiosa suma de dinero dado el tamaño, ubicación y ejecución del evento. Para mí, este detalle de financiación destaca que la falta de fondos hoy en día no es el mayor problema. Si sabes vender una idea lo suficientemente bien, lo suficientemente buena, hay financiación. Lo difícil es encontrar los expertos, es crear el entorno donde las nuevas ideas se gesten y puedan crecer en nuevos servicios, productos y empresas. Ya no es el pez grande el que se come al pequeño, sino el pez rápido, el que come al lento. Una pequeña idea innovadora, en el lugar idóneo, puede superar a las grandes empresas muy rápidamente. Uber, o Airbnb por poner un par de ejemplos, cuya estrategia natal era crecer rápido, mejorar rápido; o como se dice en San Francisco, “fallar rápido”.
Dice Alec Ross en el libro “Las industrias del futuro”, que no tiene mucho sentido querer imitar San Francisco y su agresiva cultura. Ya hay una, y en eso son muy buenos. Más aún, no les faltan problemas sociales y de sostenibilidad, asociados al modelo mismo de crecimiento. Lo interesante, sugiere Alec Ross, es apostar por un ángulo concreto y ser muy eficientes en esto, como ancla de liderazgo. Por ejemplo, Estonia con el gobierno digital, Shenzhen en factoría de electrónica o Israel con la tecnología de base en defensa.
¿Y Asturias? No me gustaría hablar solo en general, sin siquiera dar alguna idea ¿Cómo aplicamos esto en Asturias? Me animo a poner un ejemplo a considerar: Implantar “blockchain” en nuestra agricultura y ganadería. Blockchain es un sistema que usa criptografía para registrar transacciones en cadenas de verificación de forma muy segura y eficiente. La Agricultura y Ganadería claramente es algo que nos importa. Es base de empleo, da forma y color a nuestro paisaje y a nuestra gastronomía. Más aún, es conocida por su calidad, y Asturias por su belleza verde y natural. Por qué no ver cómo posicionarnos en primera línea tecnológica aplicada a la agricultura y la ganadería. Podríamos apostar por usar “blockchain”, tan de moda en círculos tecnológicos, para dar trazabilidad y certificación de origen y de calidad a nuestros productos, para conocer, promocionar y valorar nuestra tierra y gente. Las gestiones y certificados veterinarios serían más eficientes y transparentes. Los consumidores, estén donde estén, sabrían del origen y la cadena de valor. Ayudarían a generar los datos con los que medir y mejorar la productividad, controlar y gestionar problemas de salud, planificar, dar base a sistemas de financiación o medir el impacto medioambiental. De hecho, ya hay parciales evidencias de que estos sistemas funcionan en ganaderías vacunas en Nueva Zelanda, barcos pesqueros en Filipinas o cooperativas de productores agrícolas en Inglaterra. Nadie ha hecho este ejercicio a nivel sistémico regional, y no solo nos daría beneficios sino que atraería innovación, generaría experiencia y mejoraría trabas burocráticas. No sería fácil, haría falta la colaboración e inversión de tiempo y recursos de expertos en el tema, cooperativas de productores, administraciones y certificadoras. Claro que no sería fácil, por esto nadie lo ha hecho todavía probablemente. El liderazgo mundial en este tema sigue buscando protagonista ¿Nos apuntamos?
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