El 27 de Febrero de 2005 publiqué en el periódico “La Nueva España” este artículo sobre la Misión de la ESA a Titán.
<a href="https://nasonurb.files.wordpress.com/2009/11/noticia.jpeg" ><img class="aligncenter" title="noticia" src="https://nasonurb.files.wordpress.com/2009/11/noticia.jpeg" alt="noticia" width="330" height="409" /></a> Misión a Titán: en busca del origen de la vida Cómo enviar información a 120.000 millones de km de distancia Estamos en las cercanías de Saturno, el gran planeta con anillos. Tan cerca que su figura abarca la mayor parte de la vista. El Sol se ve lejano y pequeño, a esta distancia sólo llega una centésima parte de la luz que ilumina la Tierra. La nave madre Cassini acciona un mecanismo y suelta al espacio, de su lateral, un pequeño objeto del tamaño de una sombrilla grande: la sonda Huygens. Ambas naves vuelan paralelas alejándose poco a poco una de otra, en dirección a Titán. Cassini pasará de largo, mirando en todo momento a Huygens, mientras ésta cae entre las nubes de ese mundo, cuyo tamaño es la mitad del de la Tierra. Poco antes de llegar se inicia el ordenador de a bordo para ejecutar las órdenes de una delicada maniobra planificada 7 años atrás. Al principio la pequeña sonda viaja a 18.000 km/h, unas 10 veces más rápido que un avión «Concorde», así que la fricción con el aire de la atmósfera pone incandescente el escudo frontal que lleva y la va frenando. Tres minutos después, ahora que ya no hay llamas, despliega el primer paracaídas y empieza a estudiar el aire a su alrededor. Deja caer poco después el escudo que le protegía por delante para poder hacer fotos del descenso. A 120 kilómetros del suelo se extiende otro paracaídas más pequeño pero estable y sigue tomando fotos mientras espera el golpe con el suelo o el chapoteo en el mar de metano. Finalmente cae sobre algo parecido a la arena, en lo que se asemeja a una especie de orilla. Está rodeada de rocas de hielo sucio y fango de metano, a 180 grados bajo cero. Pocos minutos más de vida le quedan de las menos de tres horas de uso para el que fue creado. Arriba, hacia el anaranjado cielo titaniano, en el espacio, Cassini escucha todo lo que Huygens le manda, guardándolo en su disco duro. Una vez que han llegado los últimos datos, se gira hacia nuestro planeta y reenvía toda la información a la pequeña y lejana Tierra. Las ondas de radio, viajando a la velocidad de la luz (300 mil kilómetros cada segundo), tardarán 50 minutos en llegar. Después de servir de repetidor para la Huygens, Cassini sigue su rumbo para estudiar los alrededores de Saturno durante 4 años más. En el centro de control, tras soñar con ello durante años, las pantallas de los ordenadores se llenan de números, gráficas e imágenes de un mundo que está a 120 mil millones de kilómetros. Datos que harán las delicias de los científicos durante muchos años, que nos ayudarán a entender un poco más nuestro lugar en el universo en que vivimos y a imaginarlo más próximo y accesible.
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